El Decálogo de Knox

Ronald Knox fue un teólogo y escritor inglés de principios del siglo XX. Junto con otras personalidades como J.R.R. Tolkien, Graham Green o Evelyn Waugh, formó parte de las principales figuras intelectuales católicas inglesas de comienzos de siglo. A pesar de que gran parte de su obra es teológica, Knox fue muy conocido y obtuvo grandes beneficios de su labor como escritor de obras de detectives.

Knox escribió en el prólogo de una de sus obras el conocido como Decálogo de Knox, que no es más que una versión resumida de las 20 leyes de S.S. Van Dine. Este decálogo enuncia 10 normas que toda novela policiaca a la hora de exponer y resolver el misterio, tal que no se desvele prematuramente el crimen, el culpable sea ilógico o las pistas incoherentes.

  1. El criminal debe ser alguien mencionado al principio de la historia, pero no debe ser nadie cuyos pensamientos el lector pudo seguir.
  2. Todos los agentes sobrenaturales son descartados rutinariamente.
  3. No está permitida la existencia de más de una habitación o pasaje oculto.
  4. No pueden usarse venenos que no hayan sido descubiertos hasta la fecha, ni ningún aparato que necesitaría una larga explicación científica al final.
  5. En la historia no debe figurar ningún “Chinaman” (Criminal loco que asesina sin ningún motivo, tiene su base en la novela del mismo nombre escrita por Stephen Leather)
  6. Ningún accidente puede ayudar al detective, ni él puede tener una inexplicable intuición que resulte ser correcta.
  7. El detective no puede cometer el crimen.
  8. El detective no puede presentar pruebas que no se muestren para la inspección del lector.
  9. El amigo “estúpido” del detective, el Watson, no puede ocultar los pensamientos que pasan por su mente; su inteligencia debe ser un poco, pero muy poco, ligeramente por debajo del lector medio.
  10. Los hermanos gemelos, y los dobles en general, no pueden aparecer a menos que hayamos sido preparados para ello.